MIS DISTINTAS VIDAS
Un Alma Viviente
En distintas vidas
He decidido hacer un pequeño resumen de mis distintas vidas, estoy en armonía con el Universo y quiero mostrar por qué. Las vidas que seleccioné no son las más valiosas, lo que soy ahora es gracias a cada una de ellas… Seleccioné sólo las últimas 7 visitas, pude ampliarlas o colocar más, pero decidí no hacerlo, considero éstas suficiente para lo que por ahora quiero informar.
En mi primera visita a esta tierra fui un poco desobediente en “algunos” aspectos, no aceptaba órdenes ni compartía la creencia de nada que no me diera total libertad.
Buscaba y buscaba, pero la dirección era incorrecta y fui descarriándome de lo que buscaba sin darme cuenta. Lo llamo hoy por hoy DISTRACCIÓN… Eso trajo como consecuencia las distintas vidas que he tenido.
Los tiempos por supuesto eran distintos, pero el espíritu es el mismo.
Me reservaré el sexo con el que nací en mi primera visita por considerarlo indiferente.
Encarnaré la primera de las últimas 7 visitas como si fuera la primera de todas y así sucesivamente.
(Primera de las últimas 7 visitas)
En mi “primera” visita nací mujer, no conocí a mis progenitores, estaba de un lugar a otro y siempre tenía hambre, sólo pensaba en encontrar comida, para mí era lo único importante, no sabía de ninguna otra necesidad.
Encontré personas amables que estaban dispuestas a ayudarme pero siempre estuve a la defensiva, dudaba de todos y de todo. También encontré muchas personas de mala voluntad que al igual que Yo estaban pérdidas en un abismo de equivocaciones y quejas.
Quede embarazada a los 13 años, no tenía recursos para criarlos, me sentía enojada y frustrada. Llegué a tener 3 hijos todos varones, no sabía qué hacer con ellos, estaba sola y sin techo… Los abandone a su suerte tan pronto pude.
Las pocas veces que me reclutaban era como recolectora en un campo inmenso de higos, sólo mujeres laborábamos allí y los hombres custodiaban nuestro trabajo, el pago era con un cuarto de costal de higos semanal.
Vivía junto con otras personas que al igual que Yo no tenían hogar y nos refugiábamos cerca de un riachuelo en una cueva muy cómoda, éramos 4 mujeres, Yo era la menor.
Atormentada por mi conciencia y sin lograr recuperar a mis hijos dejé ese cuerpo a los 22 años. Había una señora de edad avanzada a mi lado en el momento de partir, ella fue testigo de mi agonía y todo lo que sufrí por abandonar a mis hijos y no poder recuperarlos, la depresión me ocasionó una enfermedad que acabó desprendiéndome de ese cuerpo. Del destino de mis hijos nada se, sólo espero que no hayan tenido que pagar muy caro por mi error.
En cuanto al mío, aún sigo aquí y sólo es ahora que empiezo a darme cuenta de las muchas oportunidades que mi Creador me ha dado para ser lo que Él siempre quiso y quiere para todos sus hijos. SER FELIZ EN UN MUNDO DISEÑADO A LA PERFECCIÓN EN COMPAÑÍA DE TODOS LOS SERES.
De esa “primera” vida aprendí poco, pero suficiente para saber que es importante mantener la familia unida y dar atención a los hijos, pase lo que pase. Pues el haberlos dejado abandonado a su suerte me hizo sentir un ser tan desdichado que despertó un conocimiento que me serviría para el resto de mi existencia. La culpa no me dejó vivir y dejé ese cuerpo atormentada y abismada.
“Segunda de las últimas 7 visitas”
En mi “segunda” visita fui “esclava”, Nací de una madre cariñosa y alegre. Tuve 4 hijos, 3 niños y una niña. En esta ocasión no fui mala madre, gracias a la experiencia en mi vida anterior y al apoyo incondicional de mi nueva madre. Ese cariño que me brindaba hizo de mí un ser lleno de coraje y dedicación. La vida como esclava se limitaba a servir a los que se consideraban mis amos, pero siempre me las ingeniaba y encontraba tiempo libre para dar atención a mis hijos.
No había en mí ningún tipo de altruismo más allá del requerido para con los míos. Ser esclava y tener que servir a otros era algo que no me hacia feliz, pero de alguna manera me resigne. En mi alma de espíritu libre soñaba con ser blanca y tener mucho dinero ¡así mi vida seria perfecta, no tendría que servir a nadie y mis hijos tendrían un futuro mejor! soñaba con tener todo lo que los blancos tenían incluyendo a los esclavos. Me imaginaba tratándolos incluso peor de lo que me trataban a mí.
Nuestra vida como esclavos no fue impedimento para que fuéramos felices, con la ayuda de mis padres les brindé a mis hijos una especie de paraíso en nuestro pequeño espacio. Tenía cuatro hermanos varones, los cuales no volví a ver desde que tenía 9 años, Yo era la menor de cinco hijos en esta ocasión.
Mis hijos eran mestizos, el primogénito era de un mercader al cual nunca más volví a ver desde que quedé en cinta a los 15 años, los otros 3 de quien se consideraba mi amo, la niña tenía la piel más oscura que sus hermanos pero mucho más clara que la mía, los dos menores no se parecían a mí físicamente.
La mañana que fui violada por el mercader, estaba cerca del riachuelo, iba a buscar agua y a lavar, había otras “esclavas” conmigo, se hicieron a un lado cómo ocasionalmente hacíamos al suponer que algo así pasaría. Yo misma llegue a presenciar algunas violaciones, eran comunes y nadie podía reclamar ni quejarse. (“Ellos” cuando se fijaban en una chica la tomaban a la fuerza y ya, algunas se resistían pero otras simplemente se resignaban). Nos preparaban de alguna manera para eso, es decir, sabíamos que ocurriría tarde o temprano y nos aconsejaban nuestras madres y abuelas que si más no resistíamos, más daño nos haría y sería mucho más doloroso. En mi caso fue un poco menos traumático ya que no sentí temor cuando se acercó, parecía un buen sujeto. No fue un grato momento pero había presenciado cuando las golpeaban (incluso más de uno violaban a una chica) estaba traumada… por eso sentí ser afortunada, él fue cuidadoso y amable en comparación, sentí un extraño sentimiento con ese ser, era como si ya nos conociéramos.
Cuando llegué a la presencia de mi madre ya le habían dicho y estaba saliendo a buscarme, me abrazó fuerte y me dio el apoyo necesario para poder seguir adelante sin sufrir mayor tormento.
Mis padres sirvieron como esclavos a la misma familia que mis abuelos y bis abuelos, por lo tanto no se nos asignaba tanta labor como a los esclavos más nuevos que se turnaban a lo largo de nuestra estancia en su hacienda. Nos limitábamos al área de la cocina, lo único que conocía aparte del fogón era la montaña que tenía que recorrer para buscar los alimentos y el establo donde dormíamos… Más adelante nuestra vida mejoró.
Yo nací en esa hacienda al igual que mis hermanos, pero ellos corrieron con otra suerte. Mis padres eran sumisos y de igual manera sirvieron con abnegación, Yo si fui más rencorosa, nunca perdone que me separaran de mis aún adolescentes hermanos.
Compartí poco con ellos y cuando los recuerdo solo “veo” sus largas piernas, hacíamos una caminata semanal (era pequeña pero igual me mandaban) hacía de todo para mantenerme cerca y ellos de todo para no dejarme atrás, al principio era eso lo que me motivó a continuar la marcha, pero luego empecé a disfrutarlo. Esperaba con ansias ese día, eran montañas pedregosas y teníamos que prácticamente escalarlas, con cestas en nuestras cabezas. Una vez que trasladaron a mis hermanos todo cambio, ya no iba porque lo disfrutara tanto sino porque tenía que hacerlo, recordaba sus pies ligeros y la caminata se hacía más placentera. Esas fueron las únicas actividades que compartí con mis hermanos, el resto del tiempo ellos estaban en las distintas labores que imponían los que llamábamos amos, y cuando llegaban al establo donde dormíamos como reyes, en comparación con otros esclavos, ya Yo estaba dormida.
El padre de mis tres hijos menores tenía 43 años cuando quedé embarazada de mi segundo hijo, Yo tenía 17 años, nació la niña y luego los dos varones.
Mis hijos aprendieron a leer y Yo aproveché, aprendí lo necesario para defenderme y escribir algunos cuentos que me gustaba crear en mi mente, los hice real en mis cuadernos. Mis hijos lograron venderlos cuando se hicieron adultos.
Mi niño mayor era el más claro de piel y el más ambicioso, captaba todo de inmediato, él fue quien me enseño a leer y me daba orgullo porque se veía como todo un patrón.
Nuestros días eran largos y las noches cortas pero de igual manera fuimos felices, Yo sentía mucha seguridad para ser esclava, “mi amo” pasaba mucho tiempo conmigo.
Los 6 hijos que tenía con su esposa, los cuales ya eran hombres y mujeres, uno sólo menor que Yo, nunca aceptaron a sus hermanos en su mesa, pero sí los trataban con cierta diplomacia… Mis hijos no pasaron necesidad.
Logré dejar ese cuerpo estando libre al igual que mis padres e hijos. Mis padres no disfrutaron de dicha libertad, me decían que no veían la diferencia, así que para ellos nada cambió.
Dejé ese cuerpo a una edad avanzada, Llegué a durar 87 años, pero tampoco aprendí lo más importante.
“Tercera de mis últimas 7 visitas”:
En mi “tercera” visita nací de una familia de clase media, fui preparado con buenos maestros, Tenía buena presencia y era dedicado, estaba conforme con mi nuevo cuerpo, en ésta oportunidad era hombre… amaba el arte de la pintura abstracta, no fui muy famoso pero logré hacer hermosos cuadros y lo más importante, me llenaban de alegría, cada cuadro culminado era como el nacimiento de un hijo amado. Logré vivir de esa creatividad.
Tenía 4 hermanos, un varón y 3 hembras, Siendo Yo el segundo hijo, la mayor era una mujer. No fue fácil para ellos aceptar mi modo de vida, no era algo lucrativo y al principio pasé por muchas penas e incomodidades. Sabía que lo lograría y no me dejé vencer, fue más engorroso para ellos que para mí, ya qué, siempre confié en mis capacidades.
Mis padres me apoyaron lo suficiente, tardó tiempo para darme a conocer y poder defenderme económicamente. Llegó el momento en que me vi obligado por mi propio juicio a buscar trabajo, en esa búsqueda encontré trabajo como ayudante de un famoso escritor. Transcribía todos sus manuscritos y realmente no me gustaba hacerlo, escribir los pensamientos o ideas de otros era deprimente.
En cuanto pude dejé ese oficio, encontré empleo en el taller donde pintaba, mantenía el lugar limpio y así no tenía que pagar… lo sé, no era lucrativo, pero lo prefería y de paso podía dedicar más tiempo a mis cuadros, mis padres se aliviaron y Yo pude seguir mi rumbo.
Era feliz con mis pinturas y eso bastaba, mis manos iban solas mientras mis pensamientos hacían lo suyo aparte. No sabía lo que dibujaría, esperaba con ansias culminar cada obra para saber que había hecho.
Finalmente llegó el momento y mis cuadros fueron apreciados, pagaban buenos precios por ellos. Logré independizarme a la edad de 17 años.
Me uní a una buena mujer a los 20 años que me dio 3 hijos, dos varones y una niña, la niña era la menor y nació con una “enfermedad” que ningún médico pudo curar ni darle nombre. Fue algo que cambió por completo mi vida, mi familia culpaba a mi compañera de defectuosa y pecadora por darme una hija así y de paso tenía que ocultarla de todos como alguien que tiene una enfermedad contagiosa. Cada vez se hizo más difícil mi existencia, seguía teniendo mi pasión por la pintura y era eso lo único que lograba hacerme sentir mejor.
Vivíamos en una casa cómoda un poco retirados del pueblo, teníamos un gran terreno para cultivos. Me gustaba el silencio y la soledad.
Mis hijos cuidaban de su hermanita “enferma” con mucho celo y sobre protección, a ellos también les fue difícil enfrentar esa “enfermedad” y siempre me preguntaban el por qué de ese mal. ¿Por qué a su hermanita?
Mi compañera no volvió a sonreír, vivió todos sus días sólo para cuidar de nuestra hija y sentirse culpable por su existencia. La veía cómo un castigo del Creador, a mí me parecía una injusticia divina. Creíamos que sufría pero no fue así, el sufrimiento sólo fue nuestro porque ella siempre se veía feliz, tenía un mundo aparte en el que nadie podía entrar. Logró vivir hasta los 26 años, “murió” en total calma, se acostó y no volvió a despertar, su rostro se veía sereno y plácido.
En nuestro terreno cultivábamos café, mis hijos amaban la agricultura. Yo también pero no me dedique como ellos que se encargaban a tiempo cabal.
Mi segundo hijo vivió con nosotros y el mayor sólo permaneció unos meses más después de la “muerte” de su hermanita, no quiso tener descendencia y se unió a un grupo de frailes, vivió con nosotros hasta cumplir los 30 años, nunca más supe de él, cuando se despidió lo confirmé, mis presentimientos eran exactos, sabía que no me daría nietos ni me sepultaría. Mi segundo hijo se casó y continuó viviendo en casa, cada vez que su mujer quedaba en cinta se sentía la preocupación en el ambiente, aunque nunca se hablaba de eso, sabía que el miedo a que naciera cómo mi pequeña era lo que lo ocasionaba.
Dejé ese cuerpo sin entender el por qué de tanto sufrimiento y la necesidad de poder tener un poder para cambiar las cosas, mi pequeña dejó un vacio muy grande en nuestras vidas y un sentimiento de culpa terrible.
En esta vida aproveché la oportunidad de cultivar mi capacidad de pintar y tener la gallardía para defender lo que quería a pesar de la opinión ajena. Ame mi oficio y viví de el, aprendí a escuchar mis pensamientos y entendí que no estaba solo. Nunca acepte la terrible enfermedad de mi pequeña.
De malos hábitos sólo uno grande, la debilidad por el licor, Logré dejarlo poco antes de mi retirada pero fue eso lo que la ocasionó. Mi niña nació cuando tenía 25 años y desde ese momento me hice amigo del licor. Dejé ese cuerpo a los 57 años.
“la Cuarta de las últimas 7 visitas”:
En mi “cuarta” visita nací mujer, mi padre era maestro y mi madre trabajaba en casa como costurera, la llamaban la modista y era muy buena en su oficio.
Fui educada para ser una buena esposa, pero mis padres eran un poco enardecedores. No estaban conformes con enseñarme sólo los deberes del hogar. Mi padre trabajaba con su padre, mercadeaban ORO, tenían barcos y mi padre manejaba la administración, pero en tierra firme… no le gustaba navegar.
Mi madre me enseñó el oficio de costurera, pero sólo para que aprendiera, ella al igual que mi padre quería para sus hijos más conocimientos de los que ellos lograron cultivar. Yo encantada, aprendí a confeccionar trajes con mi madre y a tocar el piano con mi tío Adolfo, hermano de mi padre. Era un músico un poco extrovertido y aunque mi padre no estaba totalmente de acuerdo con su profesión, le permitió enseñarme en casa. Desarrolle así un nuevo conocimiento en el mundo del arte. Fui preparada al igual que mis hermanos por un tutor y me capacité cómo psicóloga. A la edad de 20 años me comprometí con un empresario amigo de mis abuelos paternos, dos meses después nos casamos. La unión fue aceptada de inmediato por mis progenitores. Llegue a tener 3 hijos, todos varones.
Pero no era feliz. Creí amar a mi pareja pero al poco tiempo me di cuenta que era un ser muy distinto del que pensé haberme enamorado. Aún así continúe a su lado hasta el día de mi partida. Fue un marido y padre extremadamente estricto, con un genio que daba miedo. Note su verdadera identidad en nuestra noche de bodas, ahí lo supe y consideré que ya era tarde, Fue una vida llena de lujos y de mal trato, para mis hijos y para mí.
Aunque aprendí el oficio de costurera y me faculte cómo psicóloga, no lo desarrollé, mi esposo nunca permitió que trabajara, mi vida era deprimente, tanto por hacer y haciendo nada. Incluso siendo psicóloga me dejé acorralar por un ser que controlaba nuestro hogar de la peor manera. Mi padre tampoco ejerció su profesión, antes de capacitarse como educador ya trabajaba con sus padres y así permaneció hasta el día de su partida.
En todo momento evité que mis padres se enteraran de mi desdichada vida, sentía vergüenza, sabía que podía detener todo eso pero no lo hice.
Al paso del tiempo, conocí a una mujer que hacia meditaciones y predicciones, que para ese tiempo eran catalogadas de brujerías y cosas de demonios. Ella practicaba sus dones en secreto, percibió mi sufrimiento y decidió con mucha cautela ayudarme. Sentía hacia mí un profundo aprecio y a mí me resulto totalmente familiar, de inmediato me inspiro una confianza que hasta ese día nadie me había logrado infundir… (Actualmente sé que fue el mismo ser que permaneció a mi lado y me ayudó en la primera de éstas últimas siete visitas. Y en otras vidas anteriores a éstas últimas 7 había sido mi padre en una ocasión. En ese momento no tenía la menor idea)… La curiosidad me hizo ser una de sus pupilas y con los años logré desarrollar dones que en ese tiempo eran vistos cómo cosas de satán. Hacia todo esto sin que mi esposo se enterara, él creía tener el control total de nuestras vidas, mis hijos se independizaron tan pronto pudieron, sólo el mayor trabajo con él, pero igual era independiente. Mi esposo jamás imagino que salía de casa cuando no estaba, menos que tenía amigas.
Dejé ese cuerpo sin aplicar mis conocimientos para mejorar mi existencia y la de los demás seres de una forma permanente. Pero si poseía algo dentro de mí que me hacía sentir que había algo más y que tarde o temprano lo descubriría. Salí de ese cuerpo a los 51 años.
“la Quinta de mis últimas 7 visitas”:
En mi “quinta” visita Fui la segunda de 6 hermanos, siendo el primero un varón. Total éramos 2 mujeres y 4 hombres.
Mi padre estaba apegado a mí, era su consentida. En muchas ocasiones me dijo que tenía que haber sido su primer hijo, no se sentía complacido con el modo de ser de mi hermano mayor, para mi padre era sólo un débil y fracasado. Mi padre era oficial del ejército y me educo cómo a un militar. Para él, nunca fui una niña débil y se complacía con mi fortaleza… (Deseaba ser uno de ellos, pero eso no era posible).
Me casé y tuve cinco hijos, Dos varones y tres hembras. Mi esposo trabajaba en un laboratorio, tenía muchos sueños y quería ser un gran ingeniero… Nunca lo logró, se rindió antes de empezar, aún así fue un hombre laborioso y prospero.
No tenía de qué quejarme, pero siempre andaba buscando algo más, no era mi mayor deseo ser ama de casa. Tenía la inquietud de explorar áreas que en ese tiempo no eran comunes para una dama. Sentía que mi cuerpo no era tan fuerte como necesitaba. Quería ser tan fuerte como mi padre y hacer cosas muy distintas a las que usualmente hacían las damas de la sociedad.
Ese deseo ocasionó un desorden en mi vida de casada, aún así, y protegida por mí padre viví una vida muy cercana a lo que deseaba, mi matrimonio no fue beneficiado con mi rebeldía y ocasionó muchos malos momentos. Continuamos unidos pero sin tocarnos, dormíamos en la misma cama sin rosarnos ni por accidente.
Mi padre amaba a mis hijos y tenía mucha esperanza que mi hijo mayor se alistara en el ejercito, pero fue el menor quien siguió la carrera militar. Mi hijo mayor prefirió estudiar idiomas y posterior se hizo escritor… Mis hijas se casaron muy jóvenes y no eran para nada parecidas a mí, ni física ni espiritualmente. Se dedicaron a sus hogares como cualquier dama de la sociedad lo haría.
Me daré crédito como madre, porque fui buena dirigiendo mi hogar y educando seres útiles a la sociedad. No puedo decir lo mismo con lo relacionado al matrimonio, porque cómo esposa fui un desastre.
Dedicaba mucho tiempo a la escritura, en ésta oportunidad si tuve su autoría y logre publicar con éxito los únicos dos libros que logré culminar, quedó uno en curso. Mis libros relataban historias reales que mi padre me contaba y Yo le agregaba algunas cosas para hacerlos más interesantes. (Dado que mi hijo mayor hizo su carrera de escritor, espero que haya terminado mi tercer libro… Aunque en lo personal, no quisiera terminar historias de otros)
Mis momentos de placeres fueron muchos, compartía con mi padre el mayor tiempo posible, mis hijos eran mi gran orgullo y satisfacción, eran perfectos y el tiempo que pasaba creando historias me colmaban de una felicidad plena… ¿Qué más podía pedir?
Mi madre era un ser muy apacible y desdeñada, mi hermano mayor era su consentido. (Ahora entiendo que simplemente lo sobreprotegía por considerarlo poco amado por mi padre, así que ella lo amaba el doble).
Mi padre era mi motor y mi orgullo, pero su trato hacia mi hermano y las personas con gustos sexuales distintos no eran para nada bueno, sólo ahora lo veo. En ese entonces pensaba como él y aunque sentía la necesidad de proteger a los débiles y un profundo amor por mi patria, no relacioné ni remotamente una cosa con la otra. Me fue indiferente un ser que estaba dispuesto a dar su vida por mí. Voy a alegar a mi favor que conscientemente no planifiqué hacerle daño a mí hermano, más eso no me absolvió de mi responsabilidad. Tomé prácticamente su lugar sin notar su dolor, simplemente disfruté todo lo que mi padre me daba. Incluso creí ser una hija excelente, porque cada logro que tenía mi padre se veía más feliz.
Mi trato con mi madre no fue malo, me amaba y con relación a mis otros hermanos no hizo distinción, sólo se inclinaba a sobre proteger a mi hermano mayor y todos lo aceptaban, excepto mi padre y Yo.
Mi esposo “murió” primero que Yo, a los 52 años, Yo 5 años después. No era un mal hombre pero no me sentía enamorada, él por otra parte tenía sus amores fuera del hogar… con la satisfacción al poder hacer lo que deseaba, no sentí ningún tipo de malestar por su infidelidad. Alguien hacia lo que Yo no quería, ¡de cierta manera me resultaba conveniente!
Aunque dejé ese cuerpo a los 53 años deseaba vivir más, aún tenía muchas cosas por hacer. No me rendí rápido, luche contra una enfermedad desconocida, que me quemaba por dentro. Salí de ese cuerpo sin saber que tenía y negando la existencia de Dios. Mis hijos todos vivían en sus propios hogares, mis padres aún vivían.
(La Sexta de mis últimas 7 visitas):
En mi “sexta” visita nací en Marruecos, en la ciudad de Casablanca, su principal puerto y centro económico del país… Nací hombre, me adapte con mucha facilidad a ese nuevo cuerpo.
Mi padre era músico (guitarrista) no era famoso y se esforzó por lograr que Yo sí lo fuera. Él se desempeñaba como arquitecto, aunque no lo estudió en ninguna escuela. Desde niño me llevaba y Yo aprendí a hacer los gráficos tan buenos que mi padre llegó a dudar de la carrera que deseaba para mí, finalmente su pasión por la música ganó.
Me gustaba la música tanto cómo diseñar, pero la arquitectura me daba un placer más sereno… creí poder ejercer ambas, pero la carrera musical requiere mucha dedicación y total disposición.
Siempre que podía iba a ayudarlo a hacer los gráficos y aunque no disponía de mucho tiempo libre, diseñar me era tan placentero que el tiempo se contenía, era algo que me salía con facilidad y sin ningún tipo de estrés, ¡claro que nunca sentí la presión que tenía mi padre ya que era su trabajo, no el mío!
Mi madre me dio tres hermanas, eran mis amores…Yo era el mayor.
Me apasionaba la pintura de la misma forma que me apasionaba cantar, escribir canciones, tocar la guitarra y hacer mis diseños.
Hice grandes pinturas de figuras de mujer, nunca pensé en venderlas, sólo las hacía por puro gusto. Deseaba dibujarlas con la mayor exactitud posible (jamás les dibujé rostros) y escribía en mis ratos libres canciones que cantaba frente a numeroso público. Era una vida llena de retos y aunque cantar en público me daba satisfacción y felicidad, constantemente me sentía bajo presión y no dejaba que disfrutara lo que hacía a plenitud. Era como navegar siempre a la deriva, con el miedo de no gustar y que me rechazaran.
Mis mayores fans eran mis padres y hermanas, me amaban con toda dedicación y nunca por ninguna de mis malas decisiones llegaron a condenarme ni a alejarse de mí, contrario a eso siempre fueron mi motivo y fuerza para salir de cada hoyo que elegía caer.
Mi presencia ayudo a tener mucho éxito con las féminas. Aún así no dejaba de sentir esa presión constante de la cual sólo dibujando y diseñando podía escapar, pero cada vez era menos tiempo del que disponía. Me sentía ahogado e insatisfecho. Me drogaba para escapar de mi estrés y era peor. Mi Padre logró recuperarme de inmediato y traerme de nuevo a la lucidez, él aunque era un músico no había logrado lo mismo que Yo, pero mi éxito fue su éxito… eso decía.
Fueron tiempos muy tormentosos, malas compañías y malos pensamientos me hicieron tropezar, pero enrumbé mi camino, gracias a esos ángeles que me tocaron como familia. Mi padre buscó ayuda con amigos que también habían logrado salir del vicio. Tuvimos mucha suerte al dar con un señor que hacia Yoga, las meditaciones me ayudaron mucho, convirtiéndose así en otra de mis grandes pasiones.
A la edad de 27 años me case, mi esposa era de mi misma cultura y me dio una hija. *La más hermosa de todas mis flores*, haciéndole honor a su madre. Casarme era algo que no me entusiasmaba para nada, pero ella era tan hermosa y pura que fue lo único que desee al verla, era de una belleza natural y de una dulzura inigualable. Incluso así creí que no tenía por qué tener una sola mujer y sabía que podía tener la que quisiera, así que tenía muchos amores… No creí hacer nada malo.
“Amaba” a la mujer., Sus siluetas, sus largos cabellos, su delicada piel y su aroma me enloquecían. Aunque mi más grande amor era mi pequeña hija. Claro está que es un amor totalmente distinto, y (discúlpenme por hablar en presente, pero aún no logro ni quiero desprenderme de ese amor, para mí sigue intacto y es mi más grande y real recuerdo. Ella sigue intacta en mi mente, tan intacta que podría dibujarla sin olvidar ningún detalle). Pasaba el mayor tiempo posible con ella, hablaba con ella cómo cuando te despides de alguien por última vez. Decía todo lo que podía para informarla bien y que no sufriera por ningún hombre… era mi mayor miedo. Pero eso no fue impedimento para que hiciera sufrir a su madre… aunque nunca se quejó, para ella Yo era el hombre perfecto.
Mi esposa era sumisa, aguantaba todo con una sonrisa y un genio que me hacían sentir miserable. La amaba pero no me llenaba, sentía insatisfacción como “hombre” a su lado y no tenía conciencia del dolor que le causaba. Pensaba que era feliz porque Yo estaba a su lado y sabía que jamás la dejaría por nadie… Pero no fue así, al poco tiempo de mi hija cumplir seis años la dejé. Me fui sin ningún motivo aparente, sin explicación… ella quedo económicamente bien, sobre todo después de mi “muerte”.
Las meditaciones me ayudaron a decidir, sabía que no podría hacerla feliz y no podría porque Yo no me sentía pleno ¿Cómo podría hacerla feliz si Yo no lo era?
De alguna manera me la ingeniaba para ver a mi hija, de hecho, pasaba más tiempo en casa de Samanta (así se llamaba mi esposa) que cuando vivía con ella… Mi esposa nunca me hizo ningún reproche, nunca más tuvimos intimidad pero siempre permaneció el aprecio entre nosotros, si sufrió nunca lo percibí. Tampoco viví mucho tiempo para notarlo. El nombre con el que fue presentada mi hija no lo recuerdo, pero sé que la llamaba *Capullito*.
Cuando me separe de Samanta, me uní a una mujer de otra cultura, una más glamurosa pero menos cariñosa. No pasé mucho tiempo con ella, no era lo que buscaba ni esperaba, la pasión duró poco. La dejé antes de cumplir tres meses juntos y me fui al lado de otra mujer más romántica que era del medio artístico y también de otra nacionalidad, estaba aún con ella cuando dejé ese cuerpo. Viajaba conmigo y “morimos” juntos.
Saber que dejaría sola a mi hija fue frustrante. Al saber que moriría y no estaría más a su lado ni la vería crecer, es lo más tormentoso que recuerdo. No era un mundo fácil para una mujer y Yo esperaba estar a su lado para protegerla en todo lo humanamente posible.
Había escrito notas para ella, algo en mi interior me hacía temer apartarme de su lado y escribí en un cuaderno cosas que imaginaba le serian útiles para su formación. No se lo había entregado ni dicho a nadie porque no creí que moriría tan joven.
Mi accidente fue en avión, y en ese tiempo que tardé en caer, vi pasar mi vida, no me arrepentí de nada, sólo la vi pasar de súbito. Mi hija llenó una buena parte de ese perentorio momento. Dejé ese cuerpo a los 35 años.
“la Séptima de mis últimas 7 visitas”
En mi “séptima” visita nací en una familia numerosa y de escasos recursos, tengo 8 hermanos, 6 hembras y 2 varones, siendo Yo la séptima hija de mi madre, por parte de mi padre tengo 13 hermanos más. Mi madre, hija de un agricultor y huérfana de madre desde los 4 años, mi padre era pescador, pero ajeno en su totalidad a su rol como padre. Nací y crecí en un pueblo lindo y rodeada de personas que me resultaban totalmente desconocidas, pasó mucho tiempo para adaptarme a “estas nuevas costumbres”.
No me sentía parte de la familia, me resultó siempre un reto acoplarme a todo. En mis primeros años fue más difícil adaptarme a ellos e incluso a mi nuevo cuerpo. Mi único apoyo cuando era niña fue mi abuelo materno que al igual que Yo no parecía estar muy a gusto, era un ser lleno de bondad y en comparación con sus familiares y amigos lo consideré especialmente inteligente, tomando en consideración su grado de instrucción.
Me mantenía apartada como un cachorrito sin hogar y construí mi propio mundo. No fue difícil, tengo facilidad para crear en mi mente cualquier panorama y lograr salir ilesa de lo que me depare el “destino”.
En esta ocasión escogí nacer en VENEZUELA, siendo ésta mi primera reencarnación en un País de Sur América, me siento afortunada de ser Latina, no deseo estar en otro lugar ni rodeada de otras costumbres. Aquí aprendí a ver los obstáculos de forma “inocentemente divertida”, reírme de sucesos que antes consideraba trágicos y a ver a mis coterráneos como familia.
Gracias al conocimiento adquirido en mis vidas pasadas, la pobreza no fue impedimento para mi crecimiento espiritual. Ayudada por mi abuelo materno, desarrollé el interés por mi Creador, logrando así a lo largo de ésta nueva vida engrandecer mis virtudes.
El amor al prójimo, el deber por encima del querer, el amor a mi patria, el amor por el arte, la facilidad para confeccionar, la disciplina y el “Don” de la predicción, Son prácticas heredadas de mis anteriores vidas. El interés por todo lo relacionado con el Universo, fue adquirido de alguna manera en mis siempre búsqueda de algo más allá de lo aparente. En esta actual vida, gracias en gran parte a mi lindo abuelo, me motivé a finalizar mi recorrido, a temprana edad, de una manera inconsciente decidí que esta sería mi última visita. Ahora esa decisión se hace consciente y definitoria.
En esta “séptima” visita decidí no tener hijos, no siento la necesidad de ser madre. Aún así llegue a casarme con un hombre de buen corazón, pero no era lo que necesitaba para mi crecimiento espiritual, esa unión duró 6 años, no dejó descendencia porque así lo decidí y de nuestra separación también me siento responsable (nunca lo había aceptado). Deliberadamente hice todo para que eso pasara. Mi prioridad era otra y sigue siéndolo hasta este instante.
Desde niña me preocupe en conocer mejor a las personas y trataba de aceptarlas tal y como son… No ha sido una “tarea” fácil, aunque he logrado conocerlos no podía por más que me esforzaba, comprenderlos.
Mi primera y más difícil “tarea” fue encajar en la familia con la que compartí esta vez y aceptar que aunque tenemos poco en común, son seres especiales y de buenos sentimientos (aunque un poco disparatado)
Cuando tenía 19 años, nació un ser que ya había formado parte de mi vida, en la tercera de las últimas 7 visitas fue mi hijo mayor, el cual no volví a ver desde que se unió al grupo de frailes y en la “quinta” visita habíamos sido pareja, en esta actual visita resultó ser sobrino. El año 1.995 nace un alma con el que he compartido experiencias en cinco de mis últimas 7 visitas, en la primera de éstas últimas siete fue mi primogénito, al cual abandoné. En la segunda fue el mercader, padre de mi primogénito. En la tercera fue mi nuera, esposa de mi segundo hijo. En la quinta, fue mi hermano mayor y en ésta actual visita es sobrino. Cuando tenía 26 años nace otro sobrino, había sido mi primogénito en la segunda y en la quinta de mis últimas siete visitas. A los 38 años nace otro ser con el que ya había compartido 26 años en mi tercera visita, en esta oportunidad nació con buena salud.
Podría mencionar otros seres con los cuales he coincidido en esta actual reencarnación, pero no recuerdo la relación que tuvieron en mis anteriores visitas.
La tercera hija de mi madre (cuarta en nacer) se encargó de mis gastos tan pronto pudo trabajar, esa hermana ha sido un ángel para mí en esta reencarnación. Aún así, hubiera preferido que mi madre cumpliera con su rol, por lo menos en lo relacionado al cariño que sólo te da una madre. Viví más de 40 años deseando tener una madre… (Cuando era niña, una que se encargara de mí y me diera afecto y después de adulta una que se alegrara por mis logros y se afligiera por mis tropiezos). Aunque he vivido a su lado más tiempo que mis otros hermanos, nunca ha habido entre nosotras ese lazo o sensación que debe haber entre hija y madre. Mentiría si digo que es así, pero de alguna manera hemos hecho las paces y llevamos la fiesta en paz.
En esta “séptima” visita quise disfrutar de mis dones desarrollados a lo largo de mi existencia de una manera más sencilla, pero más, mucho más, placentera. Cuando no tienes nada que demostrar, vives una vida más plena.
Mi curiosidad de todo lo relacionado con la Creación se incrementó y llegó a convertirse en mí mayor interés. No considero nada mejor que informarme de primera mano lo que atañe a mi existencia, investigué y encontré las respuestas a todo lo que por ahora he tenido curiosidad.
Estoy complacida con mi avance en mis apasionadas indagaciones. He logrado amar mi existencia como no recuerdo antes haberlo hecho. Encontré las respuestas a lo que hasta hoy he tenido curiosidad y ahora sólo debo compartirla, mi mayor deseo es que ustedes también puedan apreciar las buenas nuevas. Qué al igual que Yo o incluso más, disfruten de esta experiencia humana y logren crear la vida que desean. Esa que nos han dicho que es imposible y resulta ser la mentira más grande que nos han dicho a lo largo de nuestra existencia.
Con tantas palabras que nos limitan desde que nacemos, se nos hace difícil aceptar la libertad. Al igual que mis padres en mi “segunda” visita, que no quisieron quitarse los “grilletes” porque no sabían vivir sin ellos, así está la mayoría de la humanidad. Rechazan todo lo que le resulte demasiado bueno para ser verdad, prefieren soñar que vivir sus SUEÑOS.
Nuestra GRAN realidad es que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana y no los han dicho todos los sabios, maestros y mensajeros a lo largo de Nuestra Historia, pero seguimos aferrados a la idea de ser seres imperfectos y al hacerlo llamamos imperfecto a Nuestro Creador, por la simple razón que sólo un ser imperfecto crearía seres imperfectos (Los árboles no dan fruto distinto a su propia especie).
Busca dentro de ti y recordarás quien eres.
Pueden hacer el siguiente ejercicio: sólo detente un instante, cierra tus ojos e imagínate que no existes… te podrás dar cuenta que es imposible, puedes imaginar cualquier panorama, menos que no existes, simplemente porque eso nunca ocurrirá. NO FUIMOS CREADOS PARA MORIR.
Ahora vuelve a cerrar los ojos y hazle una pregunta a Dios, la que quieras, sólo debes preguntar y estar dispuesto a escuchar, te recuerdo que puedes preguntar lo que desees. No hay nada que Dios ignore… Verás que te responderá y muchas veces antes de haber culminado la pregunta. No sería la primera vez que te habla, pero si posiblemente la primera vez que te permites escucharle. Nunca ha silenciado su “voz” de ti y nunca lo hará. Eres parte de Él, su misma esencia.
DIOS ESTÁ TAN CERCA DE TI, QUE LO CONFUNDES CONTIGO
Ni somos imperfectos. Ni somos malos. Ni somos mortales… Somos dioses hijos de un Dios Perfecto, creados para ser felices y eternamente, podemos cambiar de cuerpo (si así lo queremos) Pero nunca morir…
Por razones de respeto hacia los seres que me rodean, no daré mayor información y detalles de mis amores que han sido muchos, (a Dios gracia) y de las relaciones de amistad y familiares. Sólo diré que ha sucedido lo que necesitaba para lograr vislumbrar mi meta. De igual manera, para lo que quiero por ahora revelar, no es necesario… ¡quizá para mi próximo manuscrito lo haga!
Agradezco a mis iguales toda su colaboración.
Hasta siempre amigo lector… SIRA GUTIERREZ.
Mis Distintas Vidas nació el 06-12 del 2012. Empecé su escrutinio el 4/2 del 2018 y culmine el 28/2 del 2018.
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